LA ALQUIMIA DEL SER HUMANO

Un cuerpo tirado en la arena, mutilado, sin ojos, es lo que queda después de tantas guerras, rasgado, contaminado, sin oxigeno, a punto siempre de estallar, volátil, a la espera de una ignición. Nadie lo reconoce aparece en las noticias como N.N., lo miran desde lejos huele a mal -es que está podrido- dicen algunos. Tiene huellas, caminos, recorridos, selvas, animales (parásitos), valles, cordilleras, corrientes de agua y de sangre, expulsa saliva, quiere vomitar por medio de sus volcanes, sus límites están trazados por unas coordenadas exactas que lo identifican frente al universo, su peso siempre ha sido una intriga, lo miran desde satélites, no tiene pulmones ya, pero en vez de estos tiene un gran orificio en la frente que le ha carcomido el cerebro, su piel ha quedado destrozada, existen hoyos en ella que llegan hasta los mismos huesos, se desconoce el motivo, pero se tiene la sospecha de que es a causa del fosforo blanco o del petróleo, aún no se tiene certeza, alrededor de su cuello hay unas cadenas y lo aprietan al parecer lo único que le han dejado a este cuerpo es la lengua. Agoniza, aun no ha muerto, no recuerda muy bien su nombre dice que algunos lo llaman ser humano y que otros lo llaman planeta tierra. Yo lo llamaré territorio.
Se busca posesión, dominio y control sobre estas zonas, sobre estos territorios. Los medios se basan y se pesan en su efectividad. Cálculos de probabilidad se hacen frente a una posible victoria. La ciencia y la tecnología van de la mano como muestra de la gran inteligencia humana. El dinero lo puede todo, existe un precio y las guerras dan al legítimo vencedor lo que tanto busca. 10.000, 20.000, 30.000, ¿Acaso alguien sabe en realidad el numero de cuerpos víctimas en una guerra, en nuestra guerra? ¿Se podrían contar? … Los medios de comunicación a diario nos llenan de noticias que nos muestran que es imposible. Y más aun, cuando en las estadísticas de las victimas bien podría estar usted o yo. Donde ha quedado la dignidad, la dignidad humana, esa que nos diferencia de las cosas…
Treinta fueron los derechos declarados por la ONU en 1945 tras la segunda guerra mundial. Estos mismos fueron incluidos en las constituciones de los países con el compromiso de velar por su respeto. Estamos en la época de los derechos humanos, hoy se habla de lo importante que es su protección por parte de cualquier Estado, nación o persona. Pero lo paradójico del asunto es que en consecuencia con lo anterior esta debería ser la época en que menos violaciones contra estos debiesen existir, pues se supone que todos los Estados tratan de garantizarlos, y no es así. Quizás sea que antes no se visualizara de manera tan notoria como ahora su importancia y por eso las violaciones que se llegasen a cometer contra estos no eran merecedoras de una opinión pública. Como también puede ser que los Estados no los están garantizando realmente, sino que los están usando de modo discursivo, pues en el papel existen ¿y en la realidad?...No. Es decir, en Colombia se encuentra en la constitución política que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Pero ¿se
puede hablar de esto cuando ni siquiera se tiene derecho al agua como un derecho fundamental? Este y muchos ejemplos mas de heridas al cuerpo al territorio existen.
Entonces, ¿Qué queda por hacer? …Todo. Y es aquí donde el arte llega a expresar lo que los hombres no han querido o podido decir, no es el papel de salvador, pero si es la llave que se necesita para despertar… ya se dice por ahí “una imagen vale más que mil palabras”. Teniendo en cuenta que el arte es una característica intrínseca de todo ser humano no solo en la labor de creador sino también en la labor de apreciador del mismo es el vínculo necesario para restaurar los lazos que alguna vez perdimos en este mundo de individualidad egoísta. Pues artista no solo es aquel que es capaz de crear una obra sino que lo es también aquel que es capaz de apreciarla. Lo sublime, lo bello y la critica que propone toda obra se conjuga así para poder generar conciencia en sus espectadores a través de la sensibilidad de las formas, de los movimientos, de los colores, de la vida misma que se presenta en el arte.
El territorio-cuerpo, la dignidad y el arte hacen una alquimia que hoy nos permiten identificarnos como seres humanos y gesticular un papel activo del artista frente a las violaciones que se presenten contra los derechos humanos no solo es cuestión de denuncia a través de las imágenes sino es la posibilidad pensar y actuar diferente. Un grito a la cotidianidad Piénsalo…
NAYASKA CEPEDA SALAMANCA
ESTUDIANTE DERECHO
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